
Hay una falsa percepción con respecto al amor que se ha generalizado dramáticamente: el creer que el amor es un sentimiento que brota por sí mismo, de una manera espontánea, y que por sí mismo se sostiene o se esfuma del corazón humano. Y que es, asimismo, un sentimiento fácil, al que simplemente hay que dejar ser y ya. Que el problema del amor consiste más bien en ser amado que en amar, en encontrar a quién amar más que en aprender a construir una sólida y madura relación amorosa.
Habría que concebir al amor como una facultad humana poderosa, como la capacidad que pueden desarrollar el hombre y la mujer para volver acto humano la potencia, una realidad la dicha y la felicidad tanto en lo individual como en lo colectivo. El hombre es un ser solitario por antonomasia. Ha sido separado de sus raíces y sus nexos naturales y ha saltado a otro ámbito de convivencia que es producto de su propia creación colectiva: la cultura. Pero no ha sido capaz todavía de hacer que en esta sociedad florezca y se reproduzca la semilla del amor.
Hay un abismo inmenso que separa a los seres humanos. La sociedad que tenemos, extendida ahora a una escala global, se ha erigido sobre cimientos que privilegian en todo momento las relaciones individuales, de competencia salvaje, de aniquilación del adversario, de mercantilización de los sentimientos. Somos parte de un contexto sociocultural que ha sido construido para evitar que los bienes materiales y espirituales sean de todos, para procurar que se concentren en unas cuantas manos. La sociedad en la que nos tocó nacer y convivir se encuentra llena de desigualdades de todo tipo. Unos siempre gozan de mayores privilegios que los demás.
En un mundo donde el horror y la muerte se han instalado como realidades que parecen eternas, donde la miseria y la servidumbre constituyen una vergüenza que se ha vuelto crónica, sólo el amor pude ser la respuesta al problema de la existencia humana. El amor es sobre todo una relación creadora. De ahí que, como lo sostenía Erich Fromm hace varias décadas, lo contrario del amor no puede ser el odio, sino la muerte, esto es, la inactividad, la incapacidad para darle vigor a la vida. Porque el amor no puede sino equipararse con la vida. Es fuente de vida y su naturaleza misma. Y así como la vida tiende a pervivir, a conquistar todos los territorios posibles, así el amor tendría que convertirse en un manantial inagotable para regar con sus aguas frescas los páramos inmensos del alma.
La primera condición sería superar ese sentimiento de soledad y abandono que ha hecho presa del hombre desde su origen mismo. La soledad improductiva tiene que ver con la angustia de sentirse separado de la naturaleza y de los demás, el ser uno que vive en aglomeración pero que no ha podido encontrar los caminos de la identidad y la pertenencia social productiva, solidaria. Amar es entregarse al otro, a la otra, con toda la generosidad del mundo, con la única expectativa de que nuestro amor pueda generar amor en el otro. Y enseguida, que ese amor trascienda la pareja y se convierta en una fuerza poderosa que se integre al mundo y lo mueva, lo conmueva. El amor reducido a dos es como un río lleno de vigor que se estanca y se descompone.
La globalización neoliberal ha generado también un proceso triste, desdichado, de descomposición del amor. El neoliberalismo es un enfoque filosófico que reduce al individuo a un ente aislado, de amontonamiento en la sociedad. Los valores humanos fundamentales han sido sustituidos por el valor de las cosas, de las mercancías. El amor se confunde con una actividad consumista, de competencia mercantil. La persona amada, que tendría que convertirse en amante si de un amor auténtico se trata, se vuelve más bien un objeto. Y siendo objeto se puede vender y comprar, intercambiar, lucir, explotar, humillar.
El verdadero amor sólo podría florecer y extenderse a todos los jardines de los corazones humanos en una sociedad erigida sobre valores distintos. Y la construcción misma de una sociedad así sería ya un acto fabuloso de amor. Empezar por aceptar que tenemos que aprender a reconocernos, a estar a solas con nosotros mismos, a trascender nuestra condición individual y volvernos parte activa de la sociedad, sin que esto signifique perder la libertad personal. Una cosa así requiere, por supuesto, un acto inmenso de fe, de creer que lo imposible es posible, que la utopía puede echarse a andar por el camino de la factibilidad. Sólo la persona que tiene fe en sí misma puede ser fiel a los demás y alcanzar los horizontes luminosos, hacer realidad los sueños. Desde luego que la fe necesita a su vez de coraje, de la capacidad de arriesgarse, llegando incluso a aceptar el dolor y la desilusión.
La ausencia de amor en la sociedad ha sido la causa de tanta desdicha, de tanto dolor, de todo ese horror que nos cae de pronto cuando se nos abren las puertas del infierno. Sólo el amor, concebido como una fuerza creadora, integradora, individual y socialmente sustancial, puede salvar a este mundo del Apocalipsis, del desastre global. Y es que sólo con amor se construyen las relaciones entre los seres humanos que reivindican la dignidad, el derecho a seguir habitando este mundo, a permanecer más allá del tiempo y el espacio que ahora nos limitan.
De ahí que el amor sea también un acto profundo de reflexión. No puede ser sólo un asunto del corazón. El amor que implica indignación ante la injusticia y el atropello, ante el horror y la muerte, muestra una alternativa humana. Que sea por amor que el ser humano recupere los valores fundamentales en los que tendría que sostenerse toda civilización, como la solidaridad, el respeto, la paz, la libertad, el derecho a la dicha, a la felicidad, al bienestar colectivo, a la satisfacción; el derecho a vivir en armonía con la naturaleza, con el cosmos, con la historia y con el propio corazón.
RAMÓN GUZMÁN RAMOS
Me ha parecido bastante interesante el enfoque y la reflexión que sé le da al "amor" en éste texto, espero que a vosotros os parezca igual de interesante y reflexionen detenidamente sobre el tema.
Un saludo para todos.
lunes, 8 de noviembre de 2010
El problema del amor
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viernes, 24 de septiembre de 2010
Reflexión de vida: Otoño
Otoño
Cuando las hojas secas caen en otoño,
el árbol queda desnudo por varios meses.
Si alguien lo viera en esos momentos
y no supiera que después, en la primavera,
va a reverdecer con nuevas hojas y nuevos bríos,
flores y frutos, pensaría que está muerto…
Todos tenemos esos períodos en que las hojas caen
y nos quedamos desnudos,
algunos por haber perdido un amor o un ser querido,
bien sea por la separación definitiva de la muerte,
o la separación terrenal de los divorcios o alejamientos.
Ese período desnudo puede ser causado por una etapa
de mucha necesidad económica…
o tal vez de una enfermedad, un accidente…
o de pérdida de valores, status, una prisión u hospitalización.
Sin embargo, siempre hay que tomar ejemplo
en la naturaleza y vivir armoniosamente con ella,
y de la misma manera que un árbol desnudo
después va a reverdecer,
así mismo tenemos que pensar que en esos períodos de desnudez,
bien sea espiritual, económica, sentimental o de cualquier otro tipo,
después vendrán nuevamente las hojas, las flores y los frutos…
y el árbol habrá aprendido su lección
y ya no estará triste cuando pierda las hojas.
-Comienza una nueva estación, y este hermoso texto
compara en una forma optimista,
el otoño con nuestra propia vida-.
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jueves, 9 de septiembre de 2010
Educadísima bofetada de Brasil al mundo

Educadísima Bofetada a los EEUU....!!
DECLARACIONES DE CHICO BUARQUE.
MINISTRO DE EDUCACIÓN DE BRASIL.
No todos los días un brasileño les da una buena y
educadísima bofetada a los estadounidenses.
Durante un debate en una universidad de Estados Unidos, le
preguntaron al ex gobernador del Distrito Federal y actual
Ministro de Educación de Brasil, CRISTOVÃO CHICO
BUARQUE, qué pensaba sobre la internacionalización de la
Amazonia. Un estadounidense en las Naciones Unidas introdujo
su pregunta, diciendo que esperaba la respuesta de un
humanista y no de un brasileño.
Ésta fue la respuesta del Sr. Cristóvão Buarque:
Realmente, como brasileño, sólo hablaría en contra
de la internacionalización de la Amazonia. Por más que
nuestros gobiernos no cuiden debidamente ese patrimonio,
él es nuestro.
Como humanista, sintiendo el riesgo de la degradación
ambiental que sufre la Amazonia, puedo imaginar su
internacionalización, como también de todo lo demás, que
es de suma importancia para la humanidad.
Si la Amazonia, desde una ética humanista, debe ser
internacionalizada, internacionalicemos también las
reservas de petróleo del mundo entero.
El petróleo es tan importante para el bienestar de la
humanidad como la Amazonia para nuestro futuro. A pesar de
eso, los dueños de las reservas creen tener el derecho de
aumentar o disminuir la extracción de petróleo y subir o no su precio.
De la misma forma, el capital financiero de los países
ricos debería ser internacionalizado. Si la Amazonia es una
reserva para todos los seres humanos, no se debería quemar
solamente por la voluntad de un dueño o de un país. Quemar
la Amazonia es tan grave como el desempleo provocado por las
decisiones arbitrarias de los especuladores globales.
No podemos permitir que las reservas financieras sirvan para
quemar países enteros en la voluptuosidad de la especulación.
También, antes que la Amazonia, me gustaría ver la
internacionalización de los grandes museos del mundo.
El Louvre no debe pertenecer solo a Francia.
Cada museo del mundo es el guardián de las piezas más bellas producidas
por el genio humano. No se puede dejar que ese patrimonio
cultural, como es el patrimonio natural amazónico, sea
manipulado y destruido por el sólo placer de un propietario o de un país.
No hace mucho tiempo, un millonario japonés decidió
enterrar, junto con él, un cuadro de un gran maestro.
Por el contrario, ese cuadro tendría que haber sido
internacionalizado.
Durante este encuentro, las Naciones Unidas están
realizando el Foro Del Milenio, pero algunos presidentes de
países tuvieron dificultades para participar, debido a
situaciones desagradables surgidas en la frontera de los
EE.UU. Por eso, creo que Nueva York, como sede de las
Naciones Unidas, debe ser internacionalizada. Por lo menos
Manhatan debería pertenecer a toda la humanidad.
De la misma forma que París, Venecia, Roma, Londres, Río de
Janeiro, Brasilia... cada ciudad, con su belleza
específica, su historia del mundo, debería pertenecer al mundo entero.
Si EEUU quiere internacionalizar la Amazonia, para no
correr el riesgo de dejarla en manos de los
brasileños,internacionalicemos todos los arsenales
nucleares. Basta pensar que ellos ya demostraron que son
capaces de usar esas armas, provocando una destrucción
miles de veces mayor que las lamentables quemas realizadas
en los bosques de Brasil.
En sus discursos, los actuales candidatos a la presidencia
de los Estados Unidos han defendido la idea de
internacionalizar las reservas forestales del mundo a cambio de la deuda.
Comencemos usando esa deuda para garantizar que cada niño
del mundo tenga la posibilidad de comer y de ir a la
escuela. Internacionalicemos a los niños, tratándolos a
todos ellos sin importar el país donde nacieron, como
patrimonio que merecen los cuidados del mundo entero. Mucho
más de lo que se merece la Amazonia. Cuando los dirigentes
traten a los niños pobres del mundo como Patrimonio de la
Humanidad, no permitirán que trabajen cuando deberían
estudiar; que mueran cuando deberían vivir.
Como humanista, acepto defender la internacionalización
del mundo; pero, mientras el mundo me trate como brasileño,
lucharé para que la Amazonia, sea nuestra. ¡Solamente
nuestra!
OBSERVACIÓN: Este artículo fue publicado en el NEW YORK
TIMES, WASHINGTON POST, USA TODAY y en los mayores diarios de EUROPA y JAPÓN.
En BRASIL y el resto de Latinoamérica, este artículo no fué publicado.
Yo lo divulgo por si alguien aún no sé había enterado.
No se trata de internacionalizar lo que ya es internacionalizado. Parece desconocerse este hecho. De nuevo, no es asunto de internacionalizar sino el reconocer la internacionalización si queremos proteger la humanidad de la autodestruccion.
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jueves, 5 de agosto de 2010
Redes 52: Por qué más es menos
Estos vídeos son propiedad intelectual de TVE, el unico fin de su reproducción es aumentar el conocimiento cientifico y de ninguna manera lucrar con este contenido. ¿Somos más libres por tener más donde elegir o más bien nos ahogamos en el océano de posibilidades que tenemos a nuestro alcance? El psicólogo Barry Schwartz nos da en Redes algunos consejos para no sucumbir a la perpetua insatisfacción que nos persigue en la sociedad moderna marcada por la abundancia.
http://www.eduardpunset.es/
Redes 52: Por qué más es menos programa ciencia tve
Unos documentales, que te hacen pensar en los valores humanos, que muchas veces es obvio faltan en las personas.
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viernes, 16 de julio de 2010
Star Wars EN EL METRO
La inspiración de Star Wars entre sus fans no conoce límites. La última genialidad la protagoniza 'Improv Everywhere', un grupo de teatro que pilló por sorpresa a los viajeros de un vagón del metro de Nueva York, que presenciaron, en directo, cómo los soldados imperiales y el mismísimo Darth Vader secuestraban a la Princesa Leia.
El vídeo, que además está muy bien montando y editado, está dando la vuelta al mundo en Youtube con más de ¨1.000.000 reproducciones.
La escena imita al principio de 'La Guerra de las Galaxias: Una Nueva Esperanza', la primera entrega de la saga. En fin, que la Fuerza les acompañe. No se pierdan este brillante trabajo en Youtube,
-pinchar y ampliar y sé vera mejor el vídeo.
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lunes, 21 de junio de 2010
Creando conciencia
Me quedo con la frase...
"La Tierra no es una herencia de nuestros padres,
sino un préstamo de nuestros hijos."
(proverbio indio)
Y añadiría otra frase, más...
"Sólo después de que el último árbol haya sido cortado.
Sólo después de que el último río haya sido envenenado.
Sólo después de que el último pez haya sido pescado.
Sólo entonces descubrirás que el dinero no se puede comer. ".
(proverbio indio)
Respeta y serás, respetado. Saludos
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martes, 1 de junio de 2010
Educación

Leopoldo Abadía (autor de "La crisis Ninja") dice en su artículo:
Me escribe un amigo diciendo que está muy preocupado por el futuro de sus nietos. Que no sabe qué hacer: si dejarles herencia para que estudien o gastarse el dinero con su mujer y que "Dios les coja confesados".
Lo de que Dios les coja confesados es un buen deseo, pero me parece que no tiene que ver con su preocupación. En muchas conferencias, se levanta una señora (esto es pregunta de señoras) y dice esa frase que me a mí me hace tanta gracia: "¿qué mundo les vamos a dejar a nuestros hijos?" Ahora, como me ven mayor y ven que mis hijos ya están crecidos y que se manejan bien por el mundo, me suelen decir "¿qué mundo les vamos a dejar a nuestros nietos?"
Yo suelo tener una contestación, de la que cada vez estoy más convencido: "¡y a mí, ¿qué me importa?!" Quizá suena un poco mal, pero es que, realmente, me importa muy poco.
Yo era hijo único. Ahora, cuando me reuno con los otros 64 miembros de mi familia directa, pienso lo que dirían mis padres, si me vieran, porque de 1 a 65 hay mucha gente. Por lo menos, 64.
Mis padres fueron un modelo para mí. Se preocuparon mucho por mis cosas, me animaron a estudiar fuera de casa (cosa fundamental, de la que hablaré otro día, que te ayuda a quitarte la boina y a descubrir que hay otros mundos fuera de tu pueblo, de tu calle y de tu piso), se volcaron para que fuera feliz. Y me exigieron mucho.
Pero ¿qué mundo me dejaron? Pues mirad, me dejaron:
1. La guerra civil española
2. La segunda guerra mundial
3. Las dos bombas atómicas
4. Corea
5. Vietnam
6. Los Balcanes
7. Afganistán
8. Irak
9. Internet
10. La globalización
Y no sigo, porque ésta es la lista que me ha salido de un tirón, sin pensar. Si pienso un poco, escribo un libro. ¿Vosotros creéis que mis padres pensaban en el mundo que me iban a dejar? ¡Si no se lo podían imaginar!
Lo que sí hicieron fue algo que nunca les agradeceré bastante: intentar darme una muy buena formación. Si no la adquirí, fue culpa mía.
Eso es lo que yo quiero dejar a mis hijos, porque si me pongo a pensar en lo que va a pasar en el futuro, me entrará la depre y además, no servirá para nada, porque no les ayudaré en lo más mínimo.
A mí me gustaría que mis hijos y los hijos de ese señor que me ha escrito y los tuyos y los de los demás, fuesen gente responsable, sana, de mirada limpia, honrados, no murmuradores, sinceros, leales,.Lo que por ahí se llama "buena gente".
Porque si son buena gente harán un mundo bueno. Y harán negocios sanos. Y, si son capitalistas, demostrarán con sus hechos que el capitalismo es sano. (Si son mala gente, demostrarán con sus hechos que el capitalismo es sano, pero que ellos son unos sinvergüenzas.)
Por tanto, menos preocuparse por los hijos y más darles una buena formación: que sepan distinguir el bien del mal, que no digan que todo vale, que piensen en los demás, que sean generosos.En estos puntos suspensivos podéis poner todas las cosas buenas que se os ocurran.
Al acabar una conferencia la semana pasada, se me acercó una señora joven con dos hijos pequeños. Como también aquel día me habían preguntado lo del mundo que les vamos a dejar a nuestros hijos, ella me dijo que le preocupaba mucho más
qué hijos íbamos a dejar a este mundo.
A la señora joven le sobraba sabiduría, y me hizo pensar. Y volví a darme cuenta de la importancia de los padres. Porque es fácil eso de pensar en el mundo, en el futuro, en lo mal que está todo, pero mientras los padres no se den cuenta de que los hijos son cosa suya y de que si salen bien, la responsabilidad es un 97% suya y si salen mal, también, no arreglaremos las cosas.
Y el Gobierno y las Autonomías se agotarán haciendo Planes de Educación, quitando la asignatura de Filosofía y volviéndola a poner, añadiendo la asignatura de Historia de mi pueblo (por aquello de pensar en grande) o quitándola, diciendo que hay que saber inglés y todas estas cosas.
Pero lo fundamental es lo otro: los padres. Ya sé que todos tienen mucho trabajo, que las cosas ya no son como antes, que el padre y la madre llegan cansados a casa, que mientras llegan, los hijos ven la tele basura, que lo de la libertad es lo que se lleva, que la autoridad de los padres es cosa del siglo pasado. Lo sé todo. TODO. Pero no vaya a ser que como lo sabemos todo, no hagamos NADA.
P.S.
1. No he hablado de los nietos, porque para eso tienen a sus padres.
2. Yo, con mis nietos, a merendar y a decir tonterías y a reírnos, y a contarles las notas que sacaba su padre cuando era pequeño.
3. Y así, además de divertirme, quizá también ayudo a formarles.
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